Otro espacio

Empecé la mañana sumergida en un río de autos, era mucho más que un taco espantoso, el río se perdía en el horizonte y se prolongaba al infinito. Todas las luces amontonadas, todos incesantemente (y estúpidamente) haciendo sonar las bocinas.
Me sorprende que la gente se altere de esa manera, las malas caras, las aceleradas, los frenazos, adelantando en cualquier dirección, impidiéndole el paso todo lo posible a quién sea. El paso de Cebra de la esquina de mi casa: una odisea cruzarlo.
Si están tan apurados, salgan más temprano: simple.
O si de frentón ya van tarde, ármense de paciencia y muéranse de la risa. Eso hago yo, acompañada de buena música por supuesto (ahora me dio de nuevo con Gilberto Santa Rosa y disfruto cada canción al máximo / ha adquirido para mí una dimensión / intensidad inesperada).
Desde esta perspectiva me dan entre pena y risa los apurones alterados, me pregunto que pensarán, si sentirán algo, fuera de esa necesidad, de esa urgencia de llegar pronto a cualquier parte. Si besarán a sus parejas al despedirse en la casa (o ni tiempo para eso tienen), si alimentarán a un gatito, si le sonreirán a alguien durante el día.
Tanta gente circulando durante siglos para llegar a esto, al río de autos y su gente enfurecida.
Entre risas y cantando "Detente corazón", el paisaje urbano me resulta sumamente extraño, como la vida. Sumamente extraña, pero hermosa. Reitero: HERMOSA.
Creemos todo tan complejo y en verdad es tan simple.
Anoche soñé con la Rosita, yo le decía exactamente esto mismo (de la vida extraña pero hermosa, y el énfasis en la simplicidad) y nos reíamos como locas, estábamos las dos como iluminadas (no encuentro otra palabra mejor para describir esa sensación de armonía y felicidad que predominaba en la atmósfera del sueño). Así que me apunto mentalmente contactar cuanto antes a esta buena amiga para que las dos nos subamos el espíritu ¡ y nada de andar decayendo !.
Nos reiremos como locas.
Con el mejor de los ánimos, pero el río no avanza nadaaaaaaaaaaaaa.
Me invade algo así como un impulso irreflenable de estar en otro espacio, de poner la mente en blanco, de estar lejos, de descubrir que también para los recuerdos es demasiado tarde.
Otro espacio: Se me viene a la mente Quitor y Tulor. Dos sitios arqueológicos en San Pedro de Atacama. Su visión me produce una calma que me agita. Sí, es contradictorio esto último, pero yo me entiendo.

Quitor: Un pukará, una fortaleza atacameña, para defenderse de las constantes invasiones (inca, europea, aymara), los vestigios de una comunidad intentando defender su identidad.
