Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

agosto 10, 2010

Sueño nº 9: ¿espejo o máscara?

Una amiga de una etnia originaria y parte de su familia, se quedaban a alojar durante algunos días en mi casa, con mi familia (en el sueño yo vivía con mis padres y todos mis hermanos, como cuando todavía estudiaba).


Llegaban con un niño que no conozco, de unos 3 o 4 años, muy dulce, con todo el candor propio de esa edad.


Después de la primera noche que dormían en mi hogar, a la mañana siguiente el niñito me contaba llorando que su tía (que era la encargada de cuidarlo pues su mamá estaba ausente) siempre lo mordía en la mejilla, mentón y cuello.


Entonces yo lo miraba con más atención y veía en todo el lado izquierdo de su carita marcas evidentes del ataque. Pero no parecían mordidas humanas superficiales, eran heridas como de tigre o algún otro animal salvaje. Todo el lado izquierdo de su cara estaba herido profundamente con la carne viva a la vista.


Yo le limpiaba las heridas muy cuidadosamente y tratando de minimizar al máximo el dolor mientras ejecutaba las curaciones. Después lo tomaba en brazos con la convicción de que yo me iba a hacer cargo de ese niño y que no iba a dejar que su tía que le hacía tanto daño lo volviera a tocar.


Ni que tampoco el resto de la familia que sabía de las agresiones y no hacía nada al respecto, se volviera a acercar a él.


Estaba clara que esto me iba a traer un montón de grandes problemas pero no me importaba en lo absoluto.


Se iban a producir quiebres definitivos entre las dos familias que tenían un vínculo ancestral y se podían desatar una serie de calamidades que estaban escritas en las leyendas de ellos. Leyendas que yo creía ni por si acaso, pero que ellos repetían y vivían con tal certeza que se podían percibir como reales.


A pesar de todo esto, abrazaba al niño más fuertemente y nos internábamos por un camino solitario rumbo al mar.


Durante el camino yo iba cantando un mantra que me enseñó un profesor de filosofía en el colegio, y se me escapaban un par de lágrimas pero estas no eran ni de tristeza, ni de felicidad, eran como neutras, eran el simple testimonio de que se había producido una conexión.


Al costado derecho del camino, a la distancia una mujer agitaba sus dos manos con vehemencia. En una tenía un espejo y en la otra una máscara. Gritaba en un idioma ininteligible para mí, sin embargo yo sabía que me estaba llamando a mí para que hiciera mi elección.


Mientras me desviaba del camino en dirección a la mujer escuchaba el sonido de las olas (todavía distante) y me preguntaba ¿espejo o máscara?

1 Comments:

Blogger Ma. Antonieta said...

Sio me preguntas a mi, prefiero mil veces el espejo para ver mi propia realidad, mi reflejo, mis carencias y fortalezas, las mascaras creo haberme desechos de ellas, si es que alguna vez las tuve. Pero me intriga porque te hablaba en idioma ininteligible? mmm

12:58 p. m.

 

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