Mis ojos se inundaron de Valencia
Me gusta contemplar las ciudades desde las alturas.
¿Será un símbolo?, ¿una manifestación metamorfoseada del anhelo de volar?, ¿de desprenderse?
Yo le comentaba que seguido me acuerdo de Barcelona vibrante, bullente, vista desde las torres de la Sagrada, y que la sensación que me provoca esa imagen es como una hipnosis.
Un significado especial más allá de lo obvio. Una sensación rica que se experimenta, para nada racional, no sabría explicarlo.
(después de los 207 escalones, la entrada a la terraza del Miguelete)
Y me propuse que cada vez que tenga la fortuna de llegar a una ciudad nueva, necesariamente voy a buscar la forma de verla desde arriba, devorarla toda en una sola mirada, para atesorarla en mi corazoncito.
(atardecer de Valencia, desde la terraza del Miguelete)
Tal como lo hice con Valencia, contemplada desde el Miguelete (la maziza torre gótica de la Catedral).
Mis ojos se inundaron de Valencia, esa tarde dorada y cálida.
