Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

julio 15, 2009

Cantando I y II


Cantando I: 23 hrs aprox. Arriba de la micro, mis neurotransmisores alegres vueltos locos, el frío, las endorfinas post deporte a mil.

Visualizaba esta suerte de imagen esquemática, este ícono confuso mientras cantaba prácticamente gritando muerta de la risa "Beautiful Pain" del disco "Here Come The Tears" (mi disco de cabecera escuchado compulsivamente sin parar desde hace poco más de un mes).

Contradictorio cantar dolor hermoso en medio de un ataque de risa, sobre todo si no experimento ni una pizca de dolor.

Pero seguía cantando ... I'm shaking and making / and talking to the sky / I shiver in the night that I can't see ...

Y se me armaba esta imagen en la cabeza. Por pasos, primero el círculo, luego la flecha girando, luego la línea vertical, la línea diagonal y finalmente la línea horizontal. Una vez todo completo, la imagen se desintegraba para volver a armarse, al ritmo de la música. Cantando enajenda, sola en la micro vacía. Llegando a mi destino, bajo el volumen, y le digo al conductor "En la esquina por favor" y el me conesta "OK pero siga cantando por favor, tan feliz, tan hermosa que anda". Yo me río, le doy las gracias y me bajo.


Cantando II: Mis pies tocan la calle, y empieza "Imperfection" esta sí que es canción pienso. Y camino rapidito, mientras la imagen se reitera ahora al ritmo de mis pasos. Mis pasos, mis pasos, mis pasos. And sometimes when we kiss / You touch my fingertips / Synthetic words can't hide me / Passion creeps like death inside me. Abro la puerta Castor salta, mueve la cola. Desde adentro me preguntan por qué canto, por qué estoy tan feliz.

¿Es necesario tener un motivo súper definido? No basta con ser feliz, así no más por que sí, y visualizar esa imagen que se armó sola y que creo sé qué significa. No hay ninguna certeza, me muevo solo en base a intuiciones, ¿es tan terrible eso?, ¿debiera cantar más bajo?

Estoy exageradamente feliz, Sí. Y como si todo fuera poco en un par de horas más parto a San Pedro de Atacama, a deleitarme con la belleza, con la fuerza, con la energía del desierto.

Tengo demasiada suerte, es evidente.

julio 09, 2009

En blanco

Deben haber sido alrededor de las once de la noche, o casi.

Venía en el metro, con ese tipo de pensamiento exageradamente disperso en el que te paseas por mil ideas / sensaciones para finalmente no quedarte con ninguna: en blanco.

En eso estaba cuando tuve una revelación ... ja, ja, ja, yo y mis revelaciones: Se me apareció Charles Bukowski.

Sí, sí, raro pero cierto; mi querido Hank en el metro de Santiago. Ahí para hablarme sin decir una sola palabra.

Vi primero la botella de whisky.

Un primerísimo primer plano de la botella casi vacía (bueno quizás quedaba algo menos de un tercio), con sus letras doradas y su hombre caminando, fuertemente aferrada a su mano, se le marcaban las venitas.

Me gustó esa fuerza, le daban al Hank santiaguino un atractivo particular que disimulaba un poco su aspecto ligeramente sucio y su chaquetón largo / azul de tela gruesa (puede haber sido lana también) apenas raída. Apenas, pero raída.

De piel exageradamente blanca, quizás más blanca que yo, quizás más solo que yo también.

De edad indefinible, cara un tanto infantil, pero con manos gastadas y piel envejecida por exceso de alcohol o tal vez por exceso de soledad.

Hank no es ningún tonto, se dio cuenta de cómo lo observaba en detalle, sumergida en el subterráneo y en mis pensamientos. Me miró de vuelta, me sonrió y me ofreció un trago que yo concientemente (pero con cierta dificultad) no acepté.

Después se bajó, supongo que en Baquedano o en Salvador (la verdad es que ya estaba sumida nuevamente en pensamientos dispersos), y me asaltó una frase que leí hace muchos años atrás en uno de los escritos del viejo indecente.

Y tuve absoluta claridad de todo.

Lo que había leído hace 5 o 6 años atrás (me acuerdo perfecto que iba en una micro por Av. La Florida en ese entonces) y que me pareció tan revelador de la naturaleza humana / masculina, ahora se hacía presente, más verdadero que nunca.

Llegué corriendo a buscar el libro, para re leer esas palabras tan llenas de honestidad, pero evidente que no lo encontré (y fijo que si lo encuentro tampoco doy con la frase, un clásico !!!)

El volumen de Bukowski sé que estaba forrado en papel kraft con dibujitos de abejas o de flores o algo así (por que en ese entonces yo hacía ese tipo de cosas, y a veces todavía un poco, por que a pesar de todo soy más bien cargada a la dulzura).

Entonces empecé a abrir todos los libros forrados (buscando a Bukowski), y me topé con cosas tan diversas como Gustavo Frías y su "Julio comienza en Julio", y William S. Burroughs y su "Almuerzo desnudo". Y siendo ambos textos tan diferentes y tan distantes, el recuerdo de sus letras me pareció igual de revelador como las del autor que andaba buscando.

Y claro que me doy cuenta: Estoy excesivamente contaminada por la literatura, pero si de contaminación se trata supongo que es la mejor de todas.

Hojeando un montón de libros forrados tan infantilmente estaba, cuando recibí una llamada de buenas noches, pedí que me guardaran una sucralosa que se me había quedado ... en eso se me cortó el teléfono ¿ya dije que es nuevo y no lo sé usar bien?. Llamé de vuelta, no escuché muy bien por que me manío con los teléfonos (soy mejor para escribir que para hablar, que le vamos a hacer), y entre que me reí, que me tupí y que fui quizás un poco pesada, aunque ninguna de las 3 cosas fue intencional, pura espontaneidad y algo de torpeza fluyendo.

Es un poco extraño todo, pero me alegra la honestidad, honestidad ante todo.

Me gusta la honestidad, pero me gusta más el aroma del incienso (tan pesado / tan cargado de placer) . Ese aroma probablemente me marea y me confunde más que el whisky de Hank.

Yo sé que casi nadie me cree que Hank se subió a mi vagón en el metro de Santiago, pero no es ningún tipo de metáfora ni de alusión: es absolutamente cierto, a mí me pasan ese tipo de cosas y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Es extraño lo sé, pero el MAREO, el incienso, el metro, mis libros forrados infantilmente, los personajes saliendo de las letras y perdiéndiose en Santiago, las llamadas, las palabras a veces un poco estúpidas (de más), las búsquedas de cada uno ... y tantas otras cosas indefinibles, todo me causa una alegría torpe, una alegría burlona que no sé bien de a dónde me brota.

julio 08, 2009

En un todo aleatorio ...

Hace días estaba experimentando la necesidad de actualizar este espacio, de escribir ... para procesar, para interiorizar de alguna forma, un par de vivencias recientes, importantes.

Una suerte de reflexión traducida a palabras.

Eso venía pensando esta mañana mientras saltaba de "La medallita" a "Love is dead", a "Zoom", y así la, la, la, la, lá ... secuencia aleatoria, por que acabo de descubrir lo entretenida que es esta función de mi teléfono nuevo, ja, ja.

Venía con las ideas, con la música, con las sensaciones medias cruzadas, carreteras sin sentido, en un todo aleatorio pero muerta de la risa (como no me voy a reír si hay unos rayitos de sol matinales exquisitos que ahuyentan el invierno); cuando pasaba frente a esa Babel horrible, que es la torre pretenciosa e inconclusa de Cencosud en pleno corazón de Providencia.

Claro, por que ahora me voy a la pega por Provi, no más por Vespucio, cambié de ruta, por que descubrí que "mi" micro ya no se va por "mi" autopista. Entonces ahora voy por "mi" túnel, con todas las connotaciones que eso implica. Cambio de ruta, un cambio más, y NO hay que resistirse a los cambios, por que eso de alguna forma es morir, y como yo AMO VIVIR, prefiero cambiar y ahuyentar tanto a la muerte como al invierno.

Venía pensando en estas cosas, y en esta necesidad de escribir, y al llegar, al encender el PC, me encuentro un comentario precioso de Patricia, en donde entre otras cosas que me comparte, me pregunta si tengo parado el blog por un tiempo, por demasiado de trabajo.

Y la verdad es que NO, si no he actualizado no es por demasiado trabajo, es simplemente por que he estado viviendo unas noches de invierno excesivamente dulces, y mientras afuera la lluvia hace lo suyo, adentro las respiraciones, los sueños y las pieles se mezclan. Y percibo muy lindo todo, pero siento que no quiero escribir demasiado de esto, en parte por que no quiero pensar demasiado y en parte por que es difícil compartir algo que siendo propio, no lo es exclusivamente, pues involucra a alguien más. Sobre todo si ese alguien más, te lee habitualmente.

Y escribir demasiado sería de alguna forma también dar más pistas de lo necesario, y siento que esta vivencia es más entretenida para los dos, más enriquecedora para los dos, con menos pistas y con más preguntas.

Veo con absoluta claridad, a pesar de mi nula percepción matemática, que la ecuación es perfecta así ... INVERSAMENTE PROPORCIONAL = (-) MENOS PISTAS / (+) MAS PREGUNTAS.

Aunque esas preguntas ni siquiera se formulen, aunque esas preguntas no tengan una respuesta única, inequívoca.

Y a pesar de que las respuestas pueden ser múltiples, tentatorias, y llenas de dudas ... me sigo riendo (mientras canto), porque unos rayitos de sol matinales exquisitos, dulces, entibian mi piel, ahuyentando todos mis inviernos.

junio 25, 2009

Yo y mi autopista

Día 24 de junio, no tan temprano por la mañana, voy atrasada pero con posibilidad (mínima, pero es una posibilidad a fin de cuentas) de marcar justito a las 9, sin descuentos.

Eso, siempre que la bajada de la pirámide sea extremdamente veloz, sin choque o micro detenida causando un muy inoportuno taco.

Me siento muy sumergida en la ciudad, pero también en mis pensamientos, en ideas locas que se me cruzan en letras blancas sobre un fondo negro como en los créditos de una película. Visualizo en este formato tonteras que se me ocurren, que me causan risa. Mucha risa. La música no se detiene nunca, ni aunque apague el I-Pod (mi mamá escribe Aipod, que ternura!). Estoy más melómana que nunca, a veces ni siquiera es necesario que tenga prendido algún tipo de reproductor, la música sigue en mi interior, apasionándome, re vitalizándome, energizándome, qué se yo puras palabras positivas terminadas en ándome ... jajajajaja.

La música en mi interior se sincroniza con los latidos de mi corazón, lo que es extremdamente lindo, me alegra, pero es poco práctico, me cuesta concentrarme. El conductor de la micro anuncia que es la última parada antes de "El salto", y yo por ir escuchando interiormente "Tender" de Blur, no comprendo bien lo de última parada y me bajo, aunque todavía estoy lejísimos de dónde debiera bajarme. Ya abajo me doy cuenta de mi estupidez, pero me río y sigo escuchando Tender. La letra de Tender también se escribe en letras blancas sobre fondo negro para luego sobre imprimirse sobre la imagen de la montaña cubierta de cemento (claro por que ya me subí a la micro siguiente, y ya voy bajando a toda velocidad por la pirámide).

Pienso que mientras yo tengo la preocupación ínfima cotidiana de llegar a la hora al trabajo, hay personas que se están preparando para celebrar el Wetripantu (ni idea si lo escribí bien) o año nuevo mapuche. En mi cabeza ahora suena "Strangers" de Portishead, y las imágenes de la pirámide, del San Cristobal, de la autopista vespucio, se mezclan con imágenes de lugares de otras partes del mundo, de lugares distantes que he visitado, hace parece ya mucho tiempo.

Todo esto se mezcla con una imagen de Escher, y salto a una idea de Cortázar que leí anoche: "delirio de escaleras y puentes que resulta inexplicable", o algo así.

Quizás en una defensa contra el sueño mi mente está así de desordenada, todo se mezcla aletoriamente y ciertos detalles imperceptibles en otras circunstancias, se exageran como en una película / alucinación al borde de lo onírico, de Michael Gondry.

Tanto nombre, tanto hiper estímulo de todos lados, es como irrisorio ... yo bajando en micro la pirámide, trasnochada, mientras en otras partes del mundo terminan de celebrar la llegada del solsticio de verano, mientras en otras partes se extinguen hogueras, mientras en los campos chilenos despiertan después de haber celebrado ritos relacionados con el Diablo.

Los ritos se fusionan lo pagano, lo católico, lo europeo, lo americano, lo índigena, los mapuches y su Wetripantu, yo y mi pirámide, yo y mi autopista.

Debe ser el sueño, leí hasta tan tarde esperando que se consumiera la vela. Visualizo los restos de la vela que enterré antes de salir atrasada, junto a la hoja de hiedra y mi deseo escrito en un papel, quemado, consumido por el fuego para que se cumpla.

Deseo tan impreciso, tan disperso, pero tan alegre, tan lleno de adjetivos (no, si en verdad me esmeré en elegir cada palabra).

Los ritos, la media noche, el cruce de la muerte y la vida, mis pensamientos, y la estúpida máquina de expectativas que no se detiene nunca, como la música en mi interior, como yo en mi autopista.