Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

junio 22, 2006

Descordinada

Creo que la palabra descordinada me define bastante bien, aunque Word la subraye en rojo como error o la cambie antojadizamente a descortinada. Descordinada, creo que este adjetivo (supongamos que existe) me representa bastante, y no hablo de descoordinaciones profundas emocionales, mentales e interpersonales (que podré dejarlas para otra entrada de falta de sincronicidad), hablo de descoordinaciones prácticas, que en ciertas épocas de la vida me han jugado malas pasadas haciéndome sentir un poco torpe.
Tengo una amiga que cuando alguien le cuenta algo irracional, incoherente o incluso estúpido, dice: “ah pero eso no es nada, ¿te cuento algo peor? La Roxi una vez hizo parar una micro y se subió a la de atrás” después de esto le viene un ataque de risa incontrolable al recordar la escena, aunque no estoy segura de que la haya presenciado, es más estoy segura que no lo vio, pero de tanto impresionarse la vez que se lo conté se le grabó en a mente, y creó un falso recuerdo al que recurre como anecdotario freak y al que le adiciona minuciosos detalles cada vez que cuenta y recrea esta historia.
Y es cierto soy de esas personas que hacen parar una micro, pero que se suben a la de atrás, sólo por citar mi descoordinación más célebre. Esa vez tenía catrce o quince años, y después de clases fui a tomar la micro en apoquindo, en donde desde la calle rebotaba todo el calor del sol, conté los 40 pesos (eso costaba entonces el pasaje escolar), hice parar la micro y me subí a la de atrás, no tengo idea por qué lo hice,ni en qué iba pensando, pero cuando la micro empezó a subir por las condes, en vez de seguir por apoquindo hacia tomás moro pense: “bah que raro, seguro que después baja”. De todas maneras un poco extrañada le pregunté al chofer “¿después baja cierto?”, a lo que él seco contestó: “Claro, seguro” y yo no advertí que el tono era irónico hasta que a la altura del canta gallo me bajé un poco desesperada. ¿Qué hacer sin más plata y con vergüenza de llamar a la casa a contar semejante estupidez? Crucé la calle e hice parar un montón de micros pero la respuesta de los choferes con pequeñas variantes fue siempre la misma “una cabra cuica pidiendo que la lleven gratis, dónde se ha visto”. Afortunadamente después de un par de horas de intentos fallidos, un chofer caritativo me vio al borde de as lágrimas y detuvo la máquina indicándome que subiera. Después en tomás moro a repetir la secuencia, hasta que finalmente llegué a mi casa cuando ya estaba oscuro.
Claro retrospectivamente es chistoso, hasta parece invención, pero es cierto, si lo sabré yo.
¿Por qué cuento esto?
Por que hoy tuve una descoordinación, que siendo mucho menor, me trajo a la cabeza esta que les acabo de contar. Hoy me pasó lo siguiente, hice la combinación de línea en el metro, como siempre iba leyendo para aprovechar esas horas inútiles y en vez de bajarme en la estación que me sirve, me bajé una antes, pero no intencionalmente, sino que de puro descordinada. En el capítulo 45 de Rayuela (lo sé en una entrada anterior iba en el 109, ¿Qué le voy a hacer? Caprichos y sabiduría del autor) uno de los personajes dice: “Las amputaciones violentas son malas, después te duele el muñón toda la vida”, recién entonces conmovida por esta figura un poco evidente pero por lo mismo estremecedora levanto la vista y veo que los azulejos del metro son negruzcos en vez que azulados, leo entonces Cristóbal Colón y comprendo que me he descordinado una vez más. Una vez más metida en mis abstracciones (propias o ajenas) y chocando torpemente con la realidad. Me dio risa y me acordé de la historia de la micro, auque claro esa es enormemente superior. Otra que casi la iguala es la siguiente: Cuando recién me fui de la casa de mis papás a vivir en donde vivo ahora, llegué un día del trabajo corriendo acelerada no me acuerdo por qué, y entré al edificio de al lado del mío!, es cierto que son iguales por fuera, pero como tanto!. Cuando entro y veo a un conserje cuya cara no me parece conocida, me quedo unos segundos mirando alrededor: un hall más luminado y con sillones a diferencia del de mi edificio, un mueble para correspondencia a todas luces distinto, y ¿qué hacer?, ¿cómo disimular lo indisimulable?, entonces salí entre confundida y ofuscada y entré al edificio contiguo. Esto me dio vergüenza y no se lo conté a nadie hasta mucho tiempo después. La Dani no podía creerlo, y se reía a gritos con la historia, convencida que era otra de mis bromas, claro, como ella cree que es broma que una vez en las escaleras mecánicas de santiago centro traté de subir por una que bajaba …
En fin, qué decir de a vez que fui a ver a una amiga en vitacura y me bajé como cuarenta cuadras antes!
Para terminar, cuando fui al cumpleaños de un queridísimo amigo, al bajar del auto inexplicablemente choqué con un árbol (y juro que a esa hora no había tomado nada), al llegar a la casa voy a tocar lo que creo es el timbre y enciendo la luz! Para más remate al entrar puros desconocidos, mi amigo brillando por su ausencia, su polola con los dientes chuecos recibiéndome con cara de pocos amigos ¿ah tu erís la famosa Roxi?, y yo entre el golpe, la prendida de luz, la descoordinación y la simpática recepción, tullidísima y saludando a todos dos veces seguidas de puro nerviosa y hablando incoherencias, mezcladas con risas. Recién entonces aparece el Pato y su primo gritando desde el fondo de pasillo: Ya pos Roxi convida pa la otra, ¿Qué te fumaste? Inútil explicar que no me tomé ni fumé nada, simplemente soy así: DESCORDINADA.
Ojalá todas estas historias fueran exageraciones, pero no lo son.
Menos mal que la descoordinación de hoy no fue tan severa, aunque si la sumamos a que recién, recién, antes de sentarme a escribir, fui al living a buscar un piso para poder cambiar una ampolleta mala en mi pieza, en vez de traer el piso traje la radio … me da para pensar.

3 Comments:

Blogger Pantrala said...

una vez yo me equivoqué de nombre en el lugar, la hora y la situación incorrecta.
...a todas nos pasa...
Pantrala

7:14 p. m.

 
Blogger Roxi said...

Hola Pantrala! Gracias por visitar este espacio, te he visto frecuentemente en el espacio del viejito cibernético (que siempre entrega palabras tan iluminadoras).
Recién entré a tu perfil para visitar tu blog pero no lo encontré, por eso te escribo acá.
Que bueno saber que otras personas andan en búsquedas similares (o diferentes) pero búsquedas a fin de cuentas. Como dices tú es más agotador y por supuesto más incómodo que quedarse tranquila, pero sería conformarse antes de empezar, ¿cierto?

7:10 p. m.

 
Blogger no tenemOs ni tele said...

no queremos morir ese centenar de muertes, en patios cuyas formas y cuyos angulos fatiguen la geometria, ametrallado por soldados variables, en número cambiante.

12:15 a. m.

 

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