Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

abril 27, 2006

Para los cinéfilos del futuro 5


Sigo con mi ejercicio de arqueología cinéfila, desempolvando alguna película que vi hace un par de años. Esta creo que la vi el 2004, Dogville de Lars Von Trier, (a quién admiro mucho a excepción de Los idiotas).
Releyendo este texto antes de publicarlo, me doy cuenta que ya no coincido con algunos de mis planteamientos de ese entonces, pero no puedo alterar mi propia muestra, la pieza arqueológica encontrada en el pc, así que aquí va, y aunque reitero que difiero de algunas de las cosas que dije en ese momento, está interesante, “pensante”.

DOGVILLE
Pensar. No emocionarse


Dogville, una película que me sugiere la siguiente pregunta: ¿Qué es más importante, el contenido o el recipiente?, ¿El fluido, o la forma?.
Modestamente, no pretendo responder con certeza a esta pregunta, que ha sido formulada en muchas ocasiones, tanto por filósofos como por dramaturgos, sin llegar a una conclusión definitiva. Sin embargo voy a hacer un intento.
Empecemos por el argumento: Una hermosa mujer fugitiva llega a un pueblo, donde es “misericordiosamente” acogida, ocultada y protegida por sus habitantes, que pronto, sin embargo se encargarán de cobrarle el favor y se mostrarán como realmente son, con toda su perversión.
Esta línea argumental es la excusa para mostrar un contenido aterrador: vivimos en un sistema donde las relaciones humanas, amistades y afectos, se ven, necesariamente reducidas a transacciones comerciales, de las que todos pretendemos obtener el mayor provecho.
Con semejante contenido, es para pensar que poco importa la forma en que se entregue. Sin embargo, en Dogville la forma es determinante. Sobre todo, si consideramos que su director, Lars Von Trier, en sus películas anteriores tuvo una búsqueda obsesiva con las formas (o antiformas, si se prefiere).
En Los Idiotas, Lars Von Trier, amparado bajo el sello DOGMA buscó despojar a su cine, de todos los recursos técnicos, formales y narrativos que inducieran a engaño. No quería exponer a sus espectadores ante una ilusión, la ilusión de las emociones. Consideraba necesario, dejar de lado los convencionalismos, y intentar extraer la verdad y pureza de sus personajes e historias.
Pues bien, en Dogville, este director se vale de todos los convencionalismos que antes rechazó (realizar el rodaje en un interior artificial o set, producir sonidos separados de las imágenes, usar cámaras sobre soportes mecánicos, usar iluminación especial y filtros, usar cambios temporales, etc.), pero lo hace evidenciando la presencia de estos recursos.
Es decir, Lars Von Trier, se permite el artificio, por que al hacer partícipe al espectador de éste, no lo está engañando. Y por el contrario, lo está incorporando al cine (o arte) como un mecanismo o proceso para develar las relaciones humanas. En esto del arte como mecanismo, Dogville, me recordó en muchos momentos al teatro de Bertolt Brecht, que buscaba un aprendizaje del público a través de la distanciamiento o alienación.
En Dogville, la evidencia del set, los sonidos de puertas físicamente inexistentes, la narración separada en capítulos, los caminos que no llevan a ninguna parte, etc. Son lo mismo que los aparte y las máscaras de la dramaturgia de Brecht; son formas de evitar que el espectador se identifique con los personajes de la escena, reduciendo su respuesta emocional y obligándolo a pensar.
Este ejercicio o exploración llevado al cine, es intelectualmente muy elaborado, y logra su objetivo del distanciamiento para la reflexión, se podría decir que es brillante. Sin embargo la reducción de la potente carga emocional que esconde un tema tan fuerte, como el tratado en esta película, la aleja de lo que yo busco en el cine: una afinidad emocional, difícil de definir, pero fácilmente reconocible, sensible.
Lo sé, es muy vanidoso de mi parte, evaluar una película tan bien pensada y elaborada, guiándome por un criterio basado en necesidades personales. Pero para ser honesta, creo que esto es lo que hago todo el tiempo, y creo no ser la única.
Obviamente, esta honestidad y naturalidad, no es más que un disfraz sutil, para esconder mi propia perversidad. ¿Cuántas veces sin siquiera advertirlo, no habré traicionado a alguien que confió en mí?, ¿Cuántas veces no habré cobrado un afecto?, ¿Cuántas veces no habré sido sincera?, ¿Cuántas veces no habré buscado obtener provecho de otro ser humano?.
La respuesta a todas estas preguntas es invariablemente sólo una: Innumerables veces. Probablemente no con el descaro y la mala intención de los personajes de Dogville, pero toda obra de arte tiende a exagerar un poco para convertirse en ejemplo. Habría que ver mis incertidumbres, miedos, ansiedades, en fin mi aislamiento, presentados violentamente adentro de un set. Probablemente también sería algo escalofriante.
Releyendo este texto, observo que para sintonizar obsesivamente con Dogville (rayar con la película), sólo me faltó un momento de emoción descontrolado. Tal vez esto se deba a que todos sus personajes, con lo miserables que son, parecen falsos, neutrales. Creo que en algún momento de la película, y en un arranque de vanidad y exageración extremas, estuve a punto de identificarme en algunos rasgos de la estoica Grace, mujer valiente y rebelde en su particular manera. Sin embargo todo el encanto de esta heroína, desaparece cuando se empieza a advertir, que su huída está motivada por su rico y jerárquico padre. Entonces todo su proceso de purgación y liberación se desvanecen, se descubre a la niña rica que escapa de su destino de ejercer el poder, a la niña que quiere ser común, en fin a la niña que necesariamente tendrá que ser despótica y destruir a todos quienes la torturaron lentamente. El texto pronunciado por Grace: “Decidí que el mundo estaría mejor sin un lugar como Dogville”, es tiránico, es como para ser pronunciado por dios. Lástima que un mundo sin un lugar como Dogville, sea impensable, el mundo entero es Dogvile, con su falsedad y sus mezquindades.
Tal vez, no sea malo no emocionarse con una película, no si te hace pensar en todas estas cosas durante muchísimas horas.

2 Comments:

Blogger Viejito Cibernetico said...

Oiga mija:
PERDOOOOOOOOONNNNNNNNNNN!!!!!!
comprenderá que los años me pasan malas jugadas y cambiar una letra por otra es muy natural en mi... espero que entienda.

El abueli

11:56 a. m.

 
Anonymous Anónimo said...

Como muy bien dijo Boris, que escribe aquí en tu blog, DEJA QUE EL TIEMPO PASE POR TÍ, viajemos juntas???...
hay lugares que te recomponen el alma y así recuperas energía y espíritu para salir allá afuera de nuevo, pero SIN MORIR...
beso,
voy a entrar a google a leer sobre Calcagni...
chauu
DMR

12:31 p. m.

 

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