Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

abril 13, 2006

Para los cinéfilos del futuro 3

Sigo con mi ejercicio de arqueología cinéfila, desempolvando películas que me conmovieron hace un par de años, descubriendo qué me causaron entonces, e intentando dejar un testimonio para los cinéfilos del futuro.
La semana pasada una amiga me decía que no leyó el “para los cinéfilos” anterior, pues esa película no la había visto, y aunque esa es un poco la idea, estoy segura que esta si la vio.
Puras películas de afuera hasta ahora, será que en esa época (já! recién el 2004 y suena tan lejos) o había pocas chilenas, o yo no pagaba mi entrada para ver películas nacionales. De todas maneras la próxima semana en un proceso de arqueología pura, estará aquí “Morir un poco” de Álvaro Covacevich, película que estuvo perdida durante años (desde el 73), y que ahora su director encontró en alemania y es un testimonio (cápsula de tiempo) de ese entonces. Pero eso la próxima semana, por que recién iré a verla este fin de semana largo a la Cineteca Nacional.
Ahora una película que habla de un tema muuuuuy universal: La relación con el padre. El Gran Pez, dirigida por Tim Burton.

EL GRAN PEZ
Contar historias: el veneno que sana


Al entrar a una sala de cine, por lo general, trato de hacer el ejercicio de dejar fuera de mi cabeza cualquier referente previo, y de congelar las emociones preconcebidas. ¿Para qué? Para evitar hacer uso de esa extraña facultad con la que los seres humanos tendemos a distinguir lo bueno de lo malo, y lo falso de lo verdadero instantáneamente o “a primera vista”.
Debo admitir que en el caso de “El Gran Pez”, me fue imposible practicar este ejercicio, ya que entré a la sala con un prejuicio positivo. Iba a ver la nueva película de Tim Burton. Sentía una gran curiosidad por saber cómo este autor - constructor de mundo, una vez más, iba a maravillarme iluminando una historia que ya conocía.
En este caso, la historia que ya conocía era nada menos que la relación padre – hijo, tema que nos toca profundamente a todos por que, al final, gran parte de la vida consiste en una insurrección frente al padre (presente, oculto, sublimado, etc).
En el “Gran Pez”, se exploran las etapas de esta relación a través de un doble viaje. El viaje que hace Will Bloom, hacia el reconocimiento y reconciliación con su padre; y el viaje de Edward Bloom, (el padre y viajero por excelencia) en un recorrido por su vida.
Edward Bloom, un gran narrador, cuenta su vida a través de la alegoría del gran pez, que necesita de más espacio para crecer libremente. Esta es su historia favorita, ya que él al igual que el pez, debió dejar su cubeta - pecera (pueblo natal), para descubrir y desarrollar todo su potencial. Todas las historias que Edward narra, se entretejen, configurando su visión de mundo, a ratos inverosímil, pero ante todo cautivadora.
Es así como Edward cautiva a todos, con sus palabras, sin embargo en su hijo Will éstas causan un efecto adverso. Para él, este mundo ficcional con sus propias reglas y estructuras, sólo contribuye a acrecentar el distanciamiento con su padre, ya que no logra interpretar las emociones que estas figuras representan, está obsesionado con distinguir el mito de la verdad y no logra ver más allá.
Will se encuentra en un momento en que experimenta cierto rencor y aislamiento en relación a su padre, una emoción que se experimenta con culpa. Muy lejanos le parecen sus años de infancia, que recuerda insistentemente, cuando sentía por su padre ( y por sus historias ) un cariño y una admiración incondicional.
Esta situación necesariamente tendrá que evolucionar, pero para esto Will tiene que enfrentar a Edward, hacerle ver cómo las historias los distancian, pedirle que le cuente la “verdad”. En este punto, hay un desencuentro muy grande, ya que Edward, es persistente en su búsqueda, en su biografía distorsionada, en su propia verdad.
Ante esto, Will no tiene otra opción que ir el mismo en busca de esa verdad, y es así como él también se convierte en viajero, e inicia su propio camino de exploración, indagando y registrando un territorio extraño para él, tan extraño como su padre. En esta exploración se entreve una añoranza perdida y se vislumbra una verdad a medias, que no son suficientes para romper el aislamiento. Al menos no por sí solas. Will deberá transar y tratar de entender a su padre desde su lógica, desde su visión, al fin .. desde sus historias.
En esta difícil tarea, al igual que en una narración fabulosa, Will contará con la ayuda de sus hadas madrinas: su madre Sandra, su esposa Josephine, y Jenny (amiga de Edward). Tres mujeres, mucho más cercanas a la sensibilidad de Edward, por que son capaces de dejar de lado la razón, y sutilmente inician a Will en esta lógica, sin que él lo perciba.
Estando ya Will, más familiarizado con esta sensibilidad, se aproxima la posibilidad de recuperar el respeto y la admiración por su padre. Este proceso de reconciliación, se ve acrecentado y acelerado producto de la inminente muerte que viene a buscar a Edward. Ambos lo saben, y deben compartir su última historia. Como parte de una herencia afectiva, Edward le pide a Will, que le cuente el final de su historia, que invente el final de la historia del Gran Pez. Will, ya está listo para hacerlo y fluyen en él las palabras, se transforma él en un narrador.
Recibe de su padre esa habilidad para contar historias, y la misma historia – veneno que los había distanciado durante tanto tiempo paradojalmente los une.
Will, ya transformado en un narrador de historias esta preparado para ser Padre, de su hijo en gestación.
En este, y en todos los casos, contar historias es el veneno que sana … por que escribimos, narramos o hacemos películas para descubrir como somos, para reconocernos y explorar nuestras motivaciones y relaciones con los demás.

3 Comments:

Blogger Viejito Cibernetico said...

Mija

No sabe cuanto le agradezco sus líneas en mi block... sin dudas voy a conseguirme los libros que me recomienda... lo que es la vida... ayer nada vi "Un perro andalus" (lo escibo con "S", como los árabes)... que buena que está... es como 25a que la veo. Así que le meteré diente... también buscaré a Roberto Arlt, pero sin dudas partiré por Manuel Puig, es que los tangos me fascinan... usted sabe esta debilidad que tenemos los viejos... he llegado a juntar más de 600 cds de tango... me las sé todas...

A todo esto muy bueno su block

Muy agradecido

El viejito intelectualoide

4:58 p. m.

 
Blogger Viejito Cibernetico said...

Otra vez yo

Me gustó tanto su block que lo voy a poner en los links? (así se llaman) de mi block.

5:02 p. m.

 
Blogger Roxi said...

Viejito cibernético le agradezco de todo corazón, un honor que me incluya.
Yo también lo incluiré ahora mismo.
Le cuento que yo de tango no conozco mucho, y que con Puig, recién me comenzó a picar el bichito. Mi hermana empezó a aprender tango hace un par de meses y está fascinada, capaz que por ahí, yo también me animo.
Saludos, gracias !!!

5:07 p. m.

 

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