Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

marzo 20, 2009

La llegada a Mataveri



Todo inicio de viaje (físico y metafórico), genera expectación, cosquilleo, un tipo de ansiedad más ligera, hasta rica. Un poco nerviosita, pero sin la neura de cuando partía a España ... en territorio nacional no me pueden deportar pensaba, jajajajaja.

El vuelo no tan largo, y bastante bueno, básicamente dormí y comí harto. Mientras dormía soñaba que llegaba a la Isla y el avión en vez que aterrizar, amarizaba (no se si efectivamente existe esta palabra pero se entiende, se detenía, bajaba sobre el agua), pero no era un estado de excepción o de emergencia, en mi sueño esto era normal, en mi sueño así era la recepción en el aeropuerto de Mataveri. Estaba rodeada por mar por todos lados. Y eso me gustaba. Nos recibían con collares de flores pero no logro recordar de qué color, nos recibían en el agua, con collar y todo y había que llegar nadando hasta el lugar donde teníamos reservada la habitación.

La azafata me despertó para ofrecerme un sandwich, todavía faltaba media hora para llegar realmente y yo hasta durmiendo estaba ansiosa, soñando que ya estaba en mi destino.

Siempre me pasa esto cuando viajo: antes de llegar sueño con el arribo y visualizo el lugar, la recepción, los primeros momentos, que al final resultan ser similares a como lo soñaba, aunque en el sueño algunos aspectos aparecen exagerados o deformados.

Cada vez faltaban menos minutos y por la ventanilla podía ver una muy extensa porción de tierra que el avión fue bordeando, mientras todos nos maravillábamos con su contemplación. No sé si la palabra tierra es la más correcta, por que se percibe un espacio absolutamente verde y exhuberante por todos lados.

Praderas y cerros de diferentes tipos de verdes, todos muy intensos, complementados con el azul, calipso, verde y blanco espumoso del mar. Los roqueríos y acantilados dan la pequeña nota de gris, de negro, de rojizo, de contraste.

Todo esto visualizado por mis ojos desde la ventanilla, como adentro de una película que capta con las mejores cámaras y lentes gran angular, los planos generales de tierras exóticas, de tierras en gran parte vírgenes, de bellezas naturales enigmáticas, de vestigios ancestrales algunos hoy convertidos en sitios arqueológicos restaurados y otros aún ocultos, no explorados, conteniendo todos los secretos de un pueblo obsesionado con el arte megalítico, con el culto a sus antepasados.

En verdad como en una película. Pero esto no era una película, era mi vida !!!

Cerré los ojos un segundo y seguía viendo todo verde.

El avión tocó la pista y al salir lo primero que me golpeó fue la humedad, un calorcito que invita a desprenderse de todo, a andar livianita. Una humedad dentro de todo suave, que no te agota como la humedad de Guayaquil que es otra cosa bien distinta, extenuante.

El verde entonces dio paso a un colorido deslumbrante: flores, palmeras, pastizales, árboles de frutas por todas partes, con toda la gama de colores imaginables.

Finalmente, después de meses de preparación, decisiones, cálculos y demases, estaba en Rapa Nui, con la cara y el alma llena de risas y con un collar de flores naturales, aromáticas y amarillas colgado al cuello.

Antes de llevarnos a las cabañas, Álvaro nos dio una vuelta por el pueblo y mientras nos mostraba los árboles, el mercado, la caleta y la iglesia, nos daba la bienvenida a su tierra, "una tierra libre" según sus palabras, "libre, sin presidente, sin ministros, sin Ripley, sin Falabella, sin Transoprte Público, sin nada de esas cosas que no sirven, así que bienvenidas, esto es como estar en otro mundo, relájense y a disfrutar"

Sus palabras pueden sonar exageradas, despectivas del sistema administrativo y comercial chileno, pero la verdad es que a él y a los demás rapa no les importa en lo más mínimo. Su vida corre a otro ritmo, se sienten diferentes, independientes y eso lo hacen notar desde el primer momento. Eso no les impide sin embargo, ser tremendamente receptivos y acogedores, no les impide invitarte aunque sea por un par de semanas a disfrutar de su pequeño oasis, de su pequeño mundo aparte, que cuidan y defienden con orgullo.

Ya estaba en Hanga Roa, al llegar al hospedaje dejé mi collar de flores amarillas en la puerta, como señala la tradición.

Ya estaba en Rapa Nui, con la cara y el alma llena de risas, aunque todavía no conocía casi nada, ya estaba fascinada.

4 Comments:

Blogger arawaco said...

Narrativa fantástica en manto de realidad,
Ya los secretos salen
de la tierra...
Espero el Moái xD

11:23 a. m.

 
Blogger Ma. Antonieta said...

Yo iguaaaaaal, te juro que siempre mentalizo lo que creo que voy a ver, por pura diversion para ver cuan diferente es cuando lo vea de verdad. De chica la primera vez que viaje fuera y el piloto dijo que ibamos pasando por la isla de Cuba yo antes de mirar pa' bajo, pensaba que la unica imagen de isla que tenia asociada era la que salia en el diario en el comic de Pepe Antartico y mire desilucionada cuando cache que no era un pedazo de tierra tan chico con una sola palmera como yo me habia hecho la idea (en serio) yo tenia 9 ok? y luego un tiempo despues a los 12, antes de conocer la Torre de Pisa la vi en mi mente como la habia visto en la Pantera Rosa, pero no era rosada, igual estaba inclinada pero no era rosada sino blanca jajajaja, te juro que asi fue.
Sigue narrando todo lo de Rapa Nui yo adoro ese lugar y cuento los dias para volver a sentir ese olor a tierra mojada de humedad.

9:45 p. m.

 
Blogger Alvaro en OZ said...

siempre me ha gustado ese aire de independencia que tienen los rapa nui, son orgullosos de su herencia y creo que nosotros como país no siempre lo hemos valorado
parece que tu estadía en Rapa Nui empezó de excelente manera, espero seguir leyendo sobre este espectacula viaje
muchos saludos !!!!

9:30 p. m.

 
Anonymous eduardo said...

Yo estoy a tres días de viajar otra vez a la isla (después de 54 años). Lo hice en un barco cuando tenía apenas 16 años y viví ahí los dos mejores años de mi vida. Hoy casi anciano regreso y llevo conmigo a la mujer que me ha acompañado por toda la vida, para que vea in situ todo lo que le he contado de las excelencias de Rapa-Nui. Anhelo volver a sumergirme en las aguas cristalinas de Anakena, o disfrutar de una langosta o un curanto a orillas del mar en Hanga Roa. Iaorana.

5:25 p. m.

 

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