Una disgresión, de alguien que pretende dedicarse a escribir. Una especie de collage irregular, con ideas, uno que otro chiste, algún titular de diario, canciones, inquietudes, cualquier cosa que me diga algo, y que le diga algo a los demás.

agosto 06, 2010

Sueño nº5: Sí, yo conozco esos ojos.


Estaba en un taco semi infernal en Escuela Militar. Arriba de un colectivo pequeñito repleto de gente, esto duraba un par de horas, el auto no avanzaba nada y yo iba sentada junto a una compañera de trabajo, que en la realidad no trago mucho. Objetivamente no es tan pesada la mina, la conozco poco, re poco, pero una vez me hizo un comentario entre talla y en serio sobre que ella no estaba desesperada por carrete (y claramente el subtexto era que yo sí) y de ahí que me quedó atravesada.


Bueno en el colectivo yo no le hablaba nada, ni la miraba, y ella me indicaba con gestos y mostrándome el reloj, que íbamos a llegar atrasadas, cosa que yo ya había advertido hace rato, pero a esas alturas ya estaba entregada.


Cuando por fin salíamos del taco el colectivo aceleraba al máximo y se internaba en una vía rural que no conozco, llegaba hasta cierto punto, en medio de un paraje verde, amplio y armonioso. Ahí se detenía y todos bajábamos, éramos muchas personas, no comprendo cómo cabíamos todos en ese auto tan chiquitito. Había dos caminos uno bordeaba un cerro por atrás en una semi elipse de tierra húmeda y el otro era una línea recta ascendente demarcada por piedras.


Casi todos tomaban la elipse de tierra y yo seguía por el camino de piedras, iba sola la mayoría del tiempo, hasta que percibía que adelante mío estaba caminando un hombre muy alto vestido de negro, a quién creo conocer, correspondía por el porte, la forma de la espalda y el cuerpo a un proyecto de amigo que tengo, pero como nunca le veía la cara en verdad no estoy segura si era él o no.


El camino terminaba sobre una explanada verde en donde las piedras dibujaban un círculo inmenso y eso a mi me hacía pensar en Stonehenge, claro que estas piedras eran pequeñas y a raz del piso, no era un monumento megalítico como el de Amesbury, pero sí era cómo estar en alguna otra localidad de Inglaterra, no sé bien por qué pero así lo sentía.


A la explanada empezaba a llegar mucha gente pero todos en silencio había algo de ceremonioso en eso. Yo observaba entre la multitud a ver si lograba encontrar al hombre de negro.


De pronto todo el verde que predominaba la imagen (y los demás colores) desaparecían, y el paisaje quedaba en blanco y negro, los movimientos cesaban y todo quedaba estático, y con alto contraste como en una foto de Chema Madoz.


Después de un par de segundos de negro, yo estaba en una habitación (nuevamente en colores) con un portafotos en la mano, observando una foto en blanco y negro, que retrataba la imagen de las personas en torno al círculo de piedra de la explanada, desde dónde yo procedía.


Estaba al otro lado.


La habitación tenía muebles de madera modernos pero sencillos, algunas repisas y un gran ventanal por donde entraba abundante luz natural.


Salía de la habitación y buscaba por toda la casa si había más gente, para saber en dónde estaba, si conocía a alguien o qué hacía ahí. Estaba un poco desorientada.


Sabía que iba a llegar alguien a verme pero no sabía bien quién era. Entonces decidía ducharme, aunque experimentaba cierto pudor de usar un baño que no era mío sin permiso, no sé ... sacar shampoo, usar toallas que no eran mías, sin avisarle a nadie. Me incomodaba apropiarme de un espacio, de una energía que no eran míos. Me sentía en cierta forma intrusa, hasta ladrona. Pero lo hacía de todas maneras.


Y estando bajo el chorro de agua copioso, que iba desplazando de mi piel la tibia espuma que la cubría, me daba cuenta que el habitante de esa casa, y la persona que yo creía me iba a visitar, eran la misma. Era el hombre alto vestido de negro a quién no le había visto la cara.


Entonces me venía un micro recuerdo del camino escendente de piedras. Un momento inframince en que el hombre que caminaba adelante se daba vuelta por una fracción de segundos y me miraba fijamente a los ojos, como preguntándome algo. Sí, yo conozco esos ojos.

1 Comments:

Blogger Pamela said...

tienes razón Roxi, nos dejamos llevar por la inmediatez de FB, pero yo sigo prefiriendo estos espacio más íntimos donde por ejemplo, me maravillo con tu capacidad de relatar los detalles de tus sueños

5:15 p. m.

 

Publicar un comentario

<< Home